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domingo, 10 de febrero de 2013

70º Aniversario de la batalla de Krasny Bor.

Como celebración del 70º Aniversario de la batalla de Krasny Bor, hemos subido a la red un documental sobre la División Azul:
Muy importante escuchar el a partir del minuto 22 pues tanto la informacion contenida sobre gibraltar, como el suceso contado de primera mano por un divisionario,deja patente la grandeza,el honor,la nobleza y el coraje de aquellos hombres. 


Opinión de Adolf Hitler sobre la División Azul:
"Había leído en la historia que el soldado español era el mejor del mundo, y ahora, viendolos en el frente ruso, lo he comprobado."

"La división española lucha en primera línea sin interrupción, en uno de los sectores más dificiles y de decisiva importancia para los combates defensivos. De este modo la División Azul ha hecho el más alto honor a su Patria en la gran lucha anticomunista."

"Cuando la División Azul regrese a España tendremos que expresar, tanto a ella, como a su bravo general, el reconocimiento debido a una lealtad y a una valentía llevadas hasta la muerte"

La 250. Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht, más conocida como la División Azul (Blaue Division, en alemán), fue una unidad de voluntarios españoles que sirvió entre 1941 y 1943 en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, principalmente en el Frente Oriental contra la Unión Soviética. Tras la invasión de Rusia por el ejército alemán el 22 de junio de 1941, surge la idea en España de enviar voluntarios al frente ruso. Con esta idea, se forman regimientos que del 12 al 20 de julio cruzan la frontera. Se instruyen, uniforman y arman en Grafenwör (Baviera), el 31 se jura la bandera y fidelidad al Führer, abandonando posteriormente el campamento y llegando en tren hasta Polonia. Desde Suwalki y Grodne, como la División 250 de la Wehrmacht, se inicia una marcha de 40 días por Wilna, Molodeschno, Minks, Orscha, Dubrowna llegando hasta Witebts. Desde aquí, en camiones y trenes llegan al frente del Wolchow para cumplir con su glorioso cometido de derrotar a la conspiración comunista mundial. En el Wolchow hubo 1400 muertos españoles.Llega desde España la orden de repatriación. El 15 de marzo se entregan las armas y el 21 de marzo de 1944 regresan a España. A pesar de esto, unos 600 españoles, desobedeciendo las órdenes del gobierno español, de regresar, se alistan a la Waffen SS. Estos 600 voluntarios españoles de la SS se vieron diezmados hasta el número 200, los cuales fueron con la División Francesa SS Charle Magne y algunos restos dispersos de otras divisiones y la Hitlerjugend, los últimos defensores de la Cancillería del cercado Berlín. 
Los últimos españoles en las filas del III Reich 
Luego de la disolución de la División Azul en 1943, algunos soldados españoles rechazaron volver a España (entre 1.500 y 3.000 hombres). Hubo también voluntarios españoles en otras unidades alemanas, principalmente en las Waffen-SS, y otros voluntarios atravesaron la frontera española furtivamente por Lourdes, Francia. Las nuevas unidades fueron llamadas colectivamente la Legión Azul. Los españoles seguían siendo inicialmente parte de la 121ª División de Infantería, pero aun así se ordenó la repatriación de esta unidad en marzo de 1944, siendo transportada de nuevo a España el 21 de marzo. 

El resto de los voluntarios fueron reagrupados en otras unidades alemanas, como la 3ª División de Montaña y la 357ª División de Infantería. Otra unidad fue enviada a Letonia. Dos compañías se unificaron con el regimiento de los Brandemburgueses y la 121ª División alemana en Yugoslavia para luchar contra los partisanos de Tito. Cincuenta españoles entraron en los Pirineos para combatir a la resistencia francesa. La 101ª compañía Spanische Freiwilligen Kompanie der SS 101, de 140 hombres, compuesta por cuatro pelotones de fusileros y un pelotón de oficiales, fue unida a la 28ª División de Voluntarios Granaderos Valones de la SS, luchando en Pomerania contra el ejército soviético. 

Más adelante, como parte de la 11ª División de Granaderos SS Nordland y al mando del SS-Hauptsturmführer Miguel Ezquerra, luchó los últimos días de la guerra contra tropas soviéticas en la batalla de Berlín. 

Para acomodarse a la organización estándar del ejército alemán, los regimientos tuvieron que ser reducidos. Los regimientos tomaron el nombre de los cuatro comandantes de cada regimiento: Rodrigo, Pimentel, Vierna y Esparza. Cada regimiento tenía tres batallones, formados por cuatro compañías cada uno, así como un regimiento de artillería dotado de tres baterías de 150 mm y de una batería pesada de refuerzo:[1] 

250º Regimiento de Artillería, coronel Badillo Pérez. 
262 º Regimiento de Infantería, coronel Pimentel Zallas. 
263º Regimiento de Infantería, coronel Vierna Trápaga 
269º Regimiento de Infantería, coronel Martínez Esparza 
250 Batallón de Reserva Móvil "Tía Bernarda", comandante Fernando Osés Armesto. 
Batallón Antitanque, comandante César Rodríguez Galán 
Grupos de exploración, zapadores, transmisiones, sanitarios, transportes, policía militar, veterinario, correos militares y Estado Mayor. Fuerza Aérea 
Los aviadores voluntarios formaron la Escuadrilla Azul, la cual, se adscribió al 27 Grupo de Caza (JG27) de la Luftwaffe, bajo el mando del Mariscal de Campo Wolfram von Richthofen, que había mandado la Legión Cóndor. Sumando los derribados en vuelo y los destruidos en tierra, los pilotos de las escuadrillas azules destruyeron más de 170 aviones, a bordo de cazas Bf 109 y Fw 190, la unidad fue acreditada con 156 derribos de aviones soviéticos. Esto les costó 19 muertos y desaparecidos en combate, un prisionero y cinco heridos 
Balance de bajas 

Monumento dedicado a los caídos de la División Azul en el cementerio de la Almudena.En total, unos 47.000 soldados sirvieron en la División Azul en Rusia. Entre 4.500 y 5.000 de ellos fallecieron, y más de 8.000 fueron heridos. 372 fueron hechos prisioneros de guerra por el ejército soviético. Sólo unos pocos lograron sobrevivir a los largos años de privaciones y trabajos forzados durante el cautiverio. Mientras que la mayor parte de los soldados alemanes, italianos, rumanos y de otras nacionalidades fueron puestos en libertad tras cinco años en los campos de internamiento, la mayor parte de los prisioneros de guerra españoles de la División Azul hubieron de esperar hasta 12 años. Los 219 hombres que sobrevivieron fueron repatriados de Odesa a España en 1954, llegando al puerto de Barcelona el 2 de abril en el barco Semíramis fletado por la Cruz Roja. 

Condecoraciones 
Concedidas a los soldados y los oficiales de la División Azul: 

2 Cruces de Caballero (una con Hojas de Roble) 
2 Cruces de oro 
138 Cruces de Hierro de Primera Clase 
2.359 Cruces de Hierro de Segunda Clase 
Batallas 
Siendo destacada como unidad en el frente de Leningrado, sus acciones principales fueron llevadas a cabo en el sector del Wolchow, donde destaca, por ejemplo, el establecimiento de la Cabeza de Puente al Este del río Wolchow, hasta que el mando alemán, ordena la retirada de los españoles a sus posiciones originales; o bien, el cruce del lago Ilmen para acudir a socorrer a un destacamento alemán sitiado en Wswad.[2] 

Período de instrucción: 
Reducción de la Bolsa de Uman 
Sitio de Leningrado 
Primera Batalla de Leningrado 
Batalla de Volkhov 
Primera batalla de Smiesko 
Batalla de Sitno 
Batalla de Muravji 
Batalla de Nikitkino 
Batalla de Possad 
Acción del Lago Ilmen. 
Segunda Batalla de Sitno 
Batalla de Schevelevo 
Tercera batalla de Volkhov 
Batalla de Maloye Samoshie 
Batalla de Poselok 
Batalla de Krasny Bor 
Batalla de Putrolovo 
Batalla de Pushkin 

Como aguiluchos en vuelo, fuera del nido natal 

cansados de enfrentarse a todos los desmanes 

de Palos de Moguer, peregrinos y capitanes 

partían, ebrios de un sueño heroico y brutal. 

¡¡HONOR Y GLORIA A LOS VOLUNTARIOS ESPAÑOLES CAÍDOS QUE LUCHARON POR LA GRANDEZA DE EUROPA!!


Aquí ponemos el link en el cual aparecen todos los artículos subidos con anterioridad que tienen relación con la División Azul (libros, relatos, videos, imagenes...):
Himno de la División Azul.

sábado, 13 de octubre de 2012

Embajador en el infierno.


Hoy os recomiendo la lectura del libro "Embajador en el Infierno: Memorias del Capitán Palacios"del escritor y periodista Torcuato Luca de Tena publicado en 1956. Relata el cautiverio del capitán Palacios, integrante de la División Azul en la 'prisión infinita' de la Unión Soviética. A lo largo de 27 capítulos se exponen las situaciones crueles vividas por el oficial junto a otros prisioneros en una pesadilla que duró 11 años.



Nos describe las humillaciones sufridas en su persona, el hambre, las soluciones extremas para hacerle frente, el canibalismo, los trabajos forzados, la reeducación política llevada a cabo por el partido único, sus numerosas huelgas de hambre como protesta a las injusticias sufridas, los procesos militares y todas las acciones que tuvo que realizar para sobrevivir, hasta que finalmente fue repatriado junto a otros prisioneros españoles en el año 1954, un año después de la muerte de Stalin.


aquí pongo la película:

RECOMIENDO LEER PRIMERO EL LIBRO

martes, 25 de septiembre de 2012

Gabriel García Calvo y la customización de figuras 1:6


Octubre de 1941, el 2º batallón del Reg. 269 de la División Azul, el conocido “batallón Román”, se encuentra a orillas del rio Voljov, en pleno frente Ruso. En un punto concreto, donde el río tiene una anchura de trescientos metros, el comandante Miguel Román hace cruzar a su fuerza en botes neumáticos internándose en territorio enemigo. La maniobra se realiza en silencio, sin protección artillera, explotando el factor sorpresa, pasando la tierra minada y lanzándose al asalto de la cota escogida: un vital observatorio de la artillería soviética. Después de establecer la cabeza de puente, los soldados españoles, en un combate para el recuerdo, rechazan un fuerte contraataque del 2º Batallón del 848 Regimiento soviético.



Esta y otras historias de la “Blau”, fueron recogidas en el libro “Batallón Románuna historia fotográfica del 2º batallón del regimiento 269 de la División Azul” de Fernando Carrera Buil y el pintor Augusto Ferrer-Dalmau (2003). Posteriormente, el susodicho artista catalán plasmó en un lienzo de turbadora y violenta belleza, un pasaje de esa acción titulado “Voljov 1941”, pintura que atrajo la atención del también artista -esta vez del modelado- José Gabriel García Calvo (Valladolid, 1962), quien ha realizado la obra que esta semana traigo a este espacio.



Modelos a 1/6, customización, figuras de acción, son términos relativamente nuevos para el aficionado al arte militar. En palabras del mismo autor “…me imagino que los modelistas de figuras "clásicos" sienten la misma perplejidad que yo cuando, por primera vez, ven figuras a escala 1/6, sobre todo si están "customizadas" (término que define la remodelación más o menos exhaustiva de una figura comercial). ¿Son demasiado grandes para ser consideradas miniaturas? ¿tienen tela y materiales reales.......?” Estas son algunas preguntas que nos podemos hacer cuando vemos este tipo de piezas, que por su espectacularidad a nadie dejan indiferente.



Con este primer trabajo, Gabriel García Calvo se he acercado a esta escala sin prejuicios y con curiosidad, tras muchos años modelando figuras de otros tamaños, comprobado que trabajar a esta escala no es más que otra faceta de la afición por el modelismo militar, con algunas técnicas diferentes, pero con la misma base común. Los modelistas de 1/6 pueden alcanzar los mismos grados de destreza artista que los que trabajan a otros tamaños.



La base de la figura escogida es una referencia articulada de la marca Dragón, a la que el autor desvistió para, con ayuda de masilla, rehacer los músculos y así conseguir la postura deseada. La cabeza es de la casa comercial Barton, aunque también se le ha retocado en el acabado y en la textura de la piel. La ropa (de tela real) se descose, para posteriormente adaptarla al nuevo contorno muscular mediante pegamento, fijándola finalmente con cola blanca y barniz.




A partir de ahí las posibilidades son infinitas y todo depende de lo que los modelistas se quieran complicar. Hay que tener en cuenta que la documentación a manejar tiene que ser lo más exhaustiva posible, ya que los detalles así lo exigen. En este caso, García Calvo le cambió el casco de serie por uno fundido en metal de bajo punto de fusión, sacado de un original; retocó, entre otras muchas cosas, una granada vaciando el interior y creando tapa y roscas, para a posteriori hacer moldes y copias; distribuyó casquillos de resina por el suelo; pintó y repasó todas las piezas (por ejemplo las vetas de la madera en la ametralladora), dándole el aspecto sucio y de combate que el cuadro representa; para finalizar, creó el terreno nevado a partir de nieve artificial. El resultado: una escena de un realismo que impresiona.




El 1/6 es un hobby en alza, un golpe de aire fresco en el mundo del modelismo militar -y que en países como EEUU o Japón hace furor desde hace tiempo- con un futuro prometedor, ya que el relevo generacional probablemente está asegurado, algo que en el modelismo tradicional por desgracia no es así.

martes, 27 de marzo de 2012

Españoles en el Gulag (Parte V)

TdE/ LA ODISEA DE LOS “AZULES”
Los prisioneros
A partir de mayo de 1040, los divisionarios coincidieron con 34 republicanos en los campos de Bovoroski y Borovichi, y ya no se separaron. Retornarían a España juntos a bordo del Semíramis. Pero no todo fueron relaciones fraternales. Hubo hombres de pasado republicano y desertores de la División Azul, los “antifascistas”, que trataron duramente a los divisionarios, y ante los cuales ellos reaccionaron con tirantez y desprecio. Entre ellos, el comunista Felipa Pulgar y el desertor César Astor se convirtieron en paradigmas: ostentaron ciertos cargos en los campos de presidio y chocaron con frecuencia con los “azules”. En 1956, con mbajadores en el infierno, el cine español reflejaría de manera interesada el drama de aquellos hombres, que, como sus supeditados, penaban por voluntad de Moscú.
Entre los episodios chocantes que vivieron los prisioneros divisionarios, quizá destaquen dos. El primero, el hecho de que a finales de 1948 algunos fuesen desplazados hasta Moscú y metidos en el metro, para asombro propio (“Un mundo ensueño”, lo califica un testimonio) y de los naturales (“Todo el mundo nos miraba”). Pensaban que iban a ser liberados, pero lo que les esperaba era más presidio. El segundo: la huelga de hambre que llevaron a cabo en el campo de Borovichí en abril de 1951, en queja por la falta de entrega de unos paquetes que entendieron como suyos (los presos españoles estaban privados de correspondencia). Acabó con la intervención del Ejército y el enjuiciamiento de los cabecillas de la rebelión, que recibieron penas de entre 15 y 25 años de presidio, finalmente no cumplidas. En este trato discriminatorio hay que tener en cuenta la falta de relaciones diplomáticas regulares entre España y la URSS.
Gestionar la liberación
En 1946 comenzaron los contactos hispano-soviéticos que debían materializar el retorno de los prisioneros de la División Azul. Fue el embajador en Roma, José Antonio Sangróniz, quien estableció una primera comunicación con vistas a un acuerda comercial. En noviembre, un empresario catalán recibió una propuesta para entablar contactos. Franco la aceptó en febrero del año siguiente, y el Ministerio de Asuntos Exteriores designó a un diplomático que prestaba sus servicios en la embajada de París, apellidado Terrasa. Por parte soviética, el elegido fue un antiguo agregado militar, el capitán Schaerer. Ambos mantuvieron cuatro reuniones en Suiza. No se materializó un acuerdo porque a finales de marzo Madrid se acogió a los dictados de la doctrina Truman, que posibilitaría la inserción de España en el naciente bloque occidental. Moscú negó entonces públicamente que hubiesen tenido lugar negociaciones. Pero las había habido, y, ya en la segunda, por iniciativa de Franco y de Luis Carero Blanco, la parte española había introducido la necesidad de proceder a una repatriación de los prisioneros.
Pese a la realidad política del momento, pronto se restablecieron los contactos. Entre agosto de 1949 y enero del año siguiente hubo un primer acuerdo comercial de la mano de capital privado español. En él se adjuntó una cláusula para la liberación de súbditos de ambas nacionalidades. Pero algo debió de fallar, y poco o nada del aspecto económico del acuerdo se llevó a cabo, a la par que nada de lo especificado en la cláusula. Hubo que esperar a la muerte de Stalin en marzo de 1953 y a la caída en julio de Beira, jefe del NKVD, para que se diesen los primeros pasos. Fue por iniciativa española, a través de la diplomacia en Suiza. A finales de diciembre, el presidente de la Cruz Roja francesa recibió un telegrama de su homólogo soviético informando de que, por decreto del presidente del Sóviet Supremo, 253 españoles habían sido amnistiados. Debía fletar un barco y repatriarlos. La responsabilidad era mucha, pero Georges Brouardel aceptó.
Se abrió un período de mil gestiones, en las que intervinieron la Cruz Roja española, la Cruz Roja Internacional, el ministro español de Asuntos Exteriores, Alberto Martín-Artajo, su embajador en Atenas, Sebastián Romero, el embajador en Ankara, Alfonso Fiscowich, y otros muchos. Elegido el barco Semíramis por Martín-Artajo (pabellón liberiano y 110 dólares por pasaje), se pudo saber que la entrega se haría en el puerto de Odesa. Fue el 26 de marzo de 1954. Los liberados serían 286. Debía hacer una escala previa en Marsella para desembarcar a los republicanos que lo desearon, pero Madrid ordenó enfilar directamente hacia Barcelona. El viernes 2 de abril atracaron allí ante la multitud que les esperaba. La tragedia de aquellos hombres había acabado.
El día después
Hubo siete repatriaciones posteriores desde la Unión Soviética, con 2.774 españoles, entre diciembre de 1956 y mayo de 1959. Pero, entre ellos, los retornados de la División Azul fueron muy pocos. Las seis primeras expediciones llegaron a bordo del buque Krym (Crimea) al puerto de Castellón o al de Valencia; la séptima, a bordo del Sergei Ordzhonikidze, al de Almería. Poco se sabe al respecto, pues un manto de silencio cubrió aquellas repatriaciones, que estaban integradas fundamentalmente por “desafectos” al régimen.
Por entonces el cine se había ocupado de los hombres de la División Azul a raíz de su retorno. Precisamente, dos de las tres películas que trataron de ellos -La espera, de Vicente Lluch, y la ya citada Embajadores en el infierno, de José María Forqué- se estrenaron en 1956. También en ese año apareció la novela El desconocido, de Carmen Kurtz, narración magistral del desvivir de una pareja tras el retorno de presidio de él, que fue galardonada con el premio Planeta. Pero aquélla era ya una División Azul de consumo. La verdadera había vuelto a casa o permanecía en Rusia, fuese bajo las estepas (unos cinco mil muertos) o intentando rehacer una vida quebrada por el Gulag.